jueves, 29 de octubre de 2015

ABEJA ROJA - Capítulo 14

14.



      Sonaba una guitarra. Fran escuchaba con los ojos cerrados y mueca de placer. Sabía que Enrique estaba cerca, seguramente observándola, probablemente sentado en el otro sofá, posiblemente esperando que ella se incorporara para empezar a charlar. Pero Fran no solía hacer lo que se esperaba de ella. Solo en el ámbito laboral podía ser predecible, que para eso tenía un jefe y muchas responsabilidades. Estaba de vacaciones y eso significaba no tener más ley que una, la de disfrutar de las veinticuatro horas del día sin obligaciones. Fran disfrutaba con la música que no conocía, mucho más que con la que ya había escuchado alguna vez, y aquella canción que estaba escuchando no le sonaba de nada, pero le gustaba. Respiraba en el aire una tensión más sensual que sexual, y disfrutaba de aquella situación desconocida a la par que agradable.
            Enrique pensó que aquella primera canción que sonaba era ideal para contemplar a Fran mientras paseaba por el salón del apartamento. Se trataba de un disco grabado con canciones que le gustaban pero que nada tenían que ver con su repertorio operístico ni con el género lírico. Sonaba The beautiful ones y sabía que Fran no estaba dormida, y de haberlo estado se habría despertado con la música, era evidente, pero quedaba mucha noche por delante. Seguramente Fran estaba simulando estar dormida pero no le importaba la música. Probablemente estaba encogida para dejarle hueco al final del sofá, tal vez para que él se acercara, posiblemente esperando que le dijera algo. Enrique solo quería suponer lo mejor y aquella tierna imagen le hacía sonreír.
            Fran había entrado en calor, estaba cómodamente recostada sin que nadie le estorbase, pero en la misma habitación que un hombre al que horas antes había besado y que había logrado excitarla. Disfrutaba escuchando por primera vez aquella música que él seguramente había escuchado ya muchas veces. Disfrutaba pensando que cerca de ella estaban los brazos que la habían rodeado y estremecido esa noche. Disfrutaba temiendo y deseando que Enrique la besara de nuevo por sorpresa. Disfrutaba cada segundo de incertidumbre y se sentía sexy frotándose un pie con el otro. Estaba convencida de que Enrique la miraba, debía de estar haciéndolo, aunque no dijera nada. Ella no iba a abrir los ojos para comprobarlo, pero se sentía observada, así que debía mostrar su sensualidad sutil ante los ojos de aquel hombre. Se fue estirando en el sofá hasta ocuparlo casi por completo, sabiendo que al extender las piernas el vestido se le quedaría recogido bajo los glúteos por haber estado encogida hasta entonces, pero no haría por volver a taparse con el vestido para ocultar la parte de los muslos que ahora quedaban a la vista de Enrique. Mantenía las manos sobre el vientre, con los dedos entrecruzados, cual momia que descansa en su sarcófago. Se sentía como un gato dócil boca arriba, dispuesta a casi cualquier cosa que pudiera ocurrir, y así esperaba que la viese Enrique, aunque la primera idea hubiera sido subir pero solo hablar.
            Enrique miraba los pies de Fran. Los dedos se movían como queriendo salir de aquellas medias negras. Empezaba la segunda canción I’ve been loving you too long, y vio cómo entonces Fran abría los ojos. Desde donde ella estaba no podía verle, así que él alargó el brazo hacia la nuca de ella y acariciarla, sin levantarse del sofá, para que supiera que estaba justamente detrás. Fran se giró para poder mirarle, suspiró y volvió a cerrar los ojos.
- ¿Te has dormido? – Preguntó Enrique, que sabía que debía de haber estado despierta.
- No, claro que no. Estoy disfrutando de la música.
- Me alegro que te guste.
- ¿Sabes qué es lo que más me gusta? Que no la he elegido yo y me gusta. Redundante, ¿verdad?
- Bueno, a mí me gusta que te guste lo que a mí me gusta. Eso es más redundante.
- Me gusta que te guste que me guste la música que te gusta.- Dijo Fran abriendo solo uno de los dos ojos, y mordiéndose la lengua.
- Vale, tú ganas. – Enrique se echó hacia atrás en su sofá, el que Fran no había ocupado. Se escurrió un poco hacia abajo, puso un cojín pequeño en la zona lumbar, estiró las piernas hacia delante, un poco separadas, con sus dedos desnudos hacia arriba y cerró los ojos antes de seguir hablando.- Y hablando de redundancias, no quisiera ser repetitivo, pero… habíamos quedado en hablar de un tema en concreto.- Fran empezó a sonreír viendo la estampa tranquila de Enrique e imaginando a qué se refería.- ¿Llevas liguero?- Enrique abrió un ojo y levantó la ceja al decir esto.
- No.
            Fran se incorporó. De nuevo prescindió de colocarse la falda del vestido, que cada vez quedaba algo más arrugada y remangada, mostrando sus piernas un poco más, casi al completo. Apoyó sus manos en el asiento, haciendo un amago de levantarse. Miraba fijamente por primera vez los pies desnudos de Enrique. Fue recorriendo con la mirada las piernas de este, hasta llegar al cinturón. No quiso detenerse mucho mirando aquella zona para que Enrique no se percatase de que lo que estaba estudiando era en realidad el volumen que tomaba el pantalón del traje a la altura de la cremallera. Así que para tomarse un poco más de tiempo y disimular, le preguntó.
- ¿Te quitas los calcetines y no el cinturón?
- No me molesta.
            Pero Enrique ya empezaba a imaginar que Fran iba a hacer algo. Desconocía el qué, pero esperaba estar preparado para casi cualquier cosa. En su mente veía a Fran acercándose, remangando aquel vestido negro y abriendo las piernas delante de él para sentarse encima de él, de frente, besarla y sentir sus piernas rodeándole. Pero sabía que aquello hubiera sido más probable con otra persona menos contenida que Fran. No es que se hubiera mostrado muy recatada hasta el momento, pero sabía que no era una descarada. Se habían besado pero, aún en aquellos arrebatos de pasión vividos en la azotea, ambos se habían comportado con cautela, avanzando poco a poco y a la vez.
            Fran pudo ver que la zona que intentaba imaginar debajo del pantalón parecía estar bien sujeta, pero no acababa de deducir si llevaría un eslip o bien llevaría algo de pernera. Fue alzando la vista por los botones de la camisa y pronto descubrió un trocito más de piel al que prestarle atención. Allí empezaba a asomar un poco de pelo del pecho, tal y como había imaginado al pasar la mano por aquella zona. Efectivamente no tenía ante sí a un hombre depilado, pero tampoco se trataba de un hombre lobo, como ella los llamaba. También se percató de los antebrazos que ahora lucía descubiertos y de sus manos. La imaginación de Fran quería desabrocharle la camisa para ver más, pero debía mantener la compostura. Ella misma había dejado claro que subiría al apartamento de Enrique para hablar. Aunque algo había que hacer. “Ropa interior” pensó Fran “su atención está puesta en hablar de ropa interior para que me enseñe algo ¿qué me enseñará?” Fran decidió abrir el juego de preguntas y respuestas rápidas con el tema de la lencería, aun sabiendo que, en contra de lo pactado, aquella conversación podía terminar con sus imaginaciones hechas realidad.
- Enrique, ¿quieres preguntar algo más sobre mi ropa… interior?
- ¿Puedo?
- Ya te dije que sí ¿qué problema hay?- Fran se recostó hacia atrás en el sofá, imitando la postura de Enrique y dejando sus pies cerca de los de él.
- Vale, déjame pensar.
- No te lo pienses mucho. Puedo tener respuesta para todo, por eso no te preocupes. Y si no, siempre puedo ser yo la que se tome más tiempo para contestar.
- Venga, vale. Pero has de ser sincera.
- Claro, de eso se trata, si no no tendría gracia. Además también yo te preguntaré a ti, no lo dudes.
- Uy… uy… uy… qué peligro.
            Enrique parecía algo temeroso por no saber muy bien a qué se enfrentaba, pues parecía que Fran estuviera ya entrenada en ese tipo de conversaciones, pero él no, al menos no con una mujer.
- Empieza tú, si quieres.
- Bien, mi pregunta es la siguiente, a ver… tus medias…
- ¿Sí?
- ¿Son de esas que se llevan con liguero o de las que llegan hasta la cintura?
            Fran se rio ante aquella típica pregunta de chicos, y respondió como muchas otras veces le había tocado responder:
- Las que llegan hasta la cintura no son medias, sino pantys, aunque nosotras mismas llamamos medias a todas. Pero no, hoy llevo medias, y no, no llevo liguero. Se sujetan solas con una tira de silicona.
- ¿Silicona? Y eso ¿cómo es?
- ¿Quieres verlo?
- ¡Claro!
            Ambos se rieron. Enrique no esperaba haberle pedido aquello a Fran nunca al menos tan descaradamente, pero se lo había puesto en bandeja y creía que no estaba de más aprovechar la oportunidad.
            En cambio Fran no iba a enseñar sus muslos desnudos gratuitamente y sin antes provocarle un poco más, y menos si era tan solo para que él viera unas simples tiras de silicona.
- Pero esto va de preguntas, no de jugar al strip-poker.- Respondió Fran, y se colocó un poco la falda del vestido para ser más convincente al mostrar su negativa. – Me toca a mí. A ver… ¿cuál es tu color preferido para la lencería femenina?
- ¿El negro?
- ¿Me lo preguntas? ¿Es el negro o es otro color?
- Bueno, hoy mi color preferido es el negro.- Respondió Enrique con picardía. – Pero no sé si hoy me gusta de encaje… ¿Tú qué crees?
- Que sí, que ya lo he entendido…
- Pero tienes que responder, esa es mi siguiente pregunta.- Le apresuró Enrique.
- De encaje no. Digamos que liso y sencillo, así que no estoy segura de que te guste.
- Sí, has acertado, mi respuesta a tu pregunta anterior es negro liso.
- Vaya morro que tienes.- Fran sabía que las preguntas no eran peligrosas. Enrique sabía jugar.- Me toca, pero déjame pensar. Aunque si a ti se te ocurre otra pregunta…

            Enrique deseaba llevar aquella conversación un poco más al límite. Pero una vez que ya sabía cómo era la ropa interior que llevaba Fran, no se le ocurría por dónde podía avanzar para conseguir alguna nueva declaración de esta. Pensó entonces en enseñarle lo que le había prometido, pero no sin antes acordar un trato un poco más arriesgado que charlar sobre ropa interior. 

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