viernes, 9 de octubre de 2015

ABEJA ROJA - Capítulo 4

4.


Comenzó a sonar de fondo “You’ll never know” y Fran miró hacia la ventana, como si algún malvado espíritu la estuviera observando. Acababa de empezar sus vacaciones con ánimo de viajar, aunque aún no sabía a dónde ir. Disfrutaba de una mañana de sol, viendo fotos de aquel año, y había buscado una en concreto que sabía que le traería buenos recuerdos, pero el resultado estaba siendo de intranquilidad. Había algo en Enrique que no permitía que Fran pasara página y lo aparcara en sus recuerdos como uno más. ¿Cuándo había sido la cena? ¡El domingo! Tan solo habían pasado cuatro días. Recordaba que mientras pudieron conversar serenos sentados a la mesa, estuvieron hablando de los planes más próximos de cada uno, y una de la coincidencias entre ambos era esa precisamente. Ella estaría de vacaciones, probablemente lejos de la ciudad, mientras él pasaba unos días de descanso allí mismo visitando a viejos amigos y familiares.
- Pero aún no me he ido- dijo Fran para sí.
            ¿Cómo podría recuperar su pashmina? Pero sobre todo, ¿cómo podría recuperar aquel beso que se había perdido? ¿Se habría quedado Enrique de verdad con ambos?
            Pensó en llamar a Leo y pedirle el teléfono de Enrique, pero después de sopesarlo bien decidió que era mejor que no supiera nada. Durante los últimos tres días no había tenido tiempo para pensar en Enrique ni en otra cosa que no fuera trabajo. Debía dejarlo todo preparado para su sustituta y eso le había absorbido por completo, al fin y al cabo en pocos días podría desconectar y pensar en lo que quisiera. Pues bien, solo tenía que localizar a Enrique. Pero ¿cómo? El único dato que tenía de él es que iría al concierto de esa noche en el Auditorio. Enrique había manifestado un poco de fastidio por ser invitado por el Ayuntamiento. Había confesado a Fran que eran actos sociales que debía realizar de vez en cuando, pero que no disfrutaba porque las personalidades apenas prestaban atención a las obras y solo pensaban en verse para hablar de otras cosas a la vez que se ponían ciegos con la barra libre del intermedio.
            Fran cogió su teléfono, buscó en la agenda por la C:
- Cristina.- dijo y pulsó el botón de llamar. En breve contestó una voz medio dormida.
- <<Siii>>
- Cristina, soy Fran
- <<Lo sé, Fran, es jueves, fiesta, quiero dormir…>>
- Anda Cristina, que son ya las once. ¿Estás sola?
            Cristina miró a un lado y respondió:
- <<No, tengo un macho desnudo en mi cama, babeando y tirándose pedos>>
            Fran rio, estaba claro que se trataba del perro de Cristina.
- Pues dale un beso de mi parte.
- <<No que le huele el aliento. Dime, no te enrolles, ¿qué sucede?>>
- ¿Aún tienes las invitaciones para el concierto de esta noche?
- <<¿Estás de broma? Fran, tú te has fumado algo, ¿verdad?>> - Cristina se incorporó, se apoyó en el cabecero de la cama, bostezó, aclaró la voz y dijo:
<<A ver Fran, te lo propuse la semana pasada y no quisiste acompañarme. Se lo he pedido a…>>
- ¿A Toni? – Le interrumpió Fran - Estás loca… ¿no lo habías dejado con él?
- <<A ver Fran, siempre tengo que estar detrás de ti para que hagamos cosas juntas y ¿hoy  me vienes con estas?>>
- Porfa Porfa Porfa… dime que no ha aceptado…- Se hizo silencio y al cabo de un par de segundos Cristina respondió:
- <<No, no ha aceptado>>
- ¡Bien! – Dijo Fran - ¿A qué hora quedamos?
- <<Fran, sueles decir que la música clásica es aburrida y no te hace sentir nada…>>
- Tal vez estuviera equivocada. Tú me enseñarás a entenderla… Creo que hoy sentiré cosas… puede… no sé… así es la música ¿verdad?
- << Sí, y tú estás muy rara>>
- Entonces ¿A las siete en la puerta del Auditorio?
- <<Vale… - asintió Cristina.- Pero cuando termine el concierto yo me voy a casa, que mañana es viernes y no hago puente>>
- Gracias Cristina. Puedes seguir durmiendo si quieres.
- <<Sí claro, ahora… Venga, hasta luego Fran, sé puntual o nos quedaremos fuera>>
- Descuida. Nos vemos.
            Ambas colgaron. Había sido fácil. Cristina era profesora de música en un Instituto. Le daban invitaciones para conciertos, pero Fran se negaba a ir con ella porque decía que la gente no iba a escuchar la música sino a mirar quién iba o no. Sabía que las mujeres se arreglaban mucho para ligar ¡Santo cielo! Pensaba ¡Ligar en un concierto de Mozart! Aunque en parte en los Congresos a los que iba se encontraba con situaciones similares.
Fran se fue al dormitorio, abrió el armario y suspiró. Allí no había otra cosa que ropa informal o trajes de pantalón y chaqueta. Se subió a la cama y tomó una caja del altillo. La lanzó a los pies, bajó de un brinco y se arrodilló en el suelo para abrirla.
- Negro azabache.- dijo en alto.
            Ya por la tarde, Cristina la esperaba en la puerta del Auditorio, con cara de sorpresa. Cuando Fran llegó a su altura, no se dieron dos besos. Cristina le dio una de las invitaciones a Fran y al mismo tiempo le preguntó con ceño en la cara:
- Venga dime, ¿Quién es él?
            Fran rio y dijo:
- ¿Por qué me preguntas eso?
            Entonces Cristina le hizo un barrido descarado de arriba abajo a Fran, y al terminar la interrogó con la mirada. Fran acostumbraba a vestir con tejanos y calzado plano, y para los congresos solía vestirse con traje, pero era muy difícil verla con falda o un vestido.
- Vengo a escuchar a la sinfónica de… - Fran dio la vuelta a la invitación varias veces buscando la respuesta, pero en aquel pequeño trozo de papel solo había unas letras sueltas que a ella no le decían nada.
- ¿Sinfónica de? – preguntó Cristina.
- A la Sinfónica de aquí- resolvió Fran con una sonrisa.
- Anda que… Venga, entremos.
            Cristina estaba segura de que había un hombre detrás de aquel amor impulsivo por la música, pero no le quería dar demasiada importancia, ya que Fran no hablaba mucho de sus relaciones.
            Fran miraba hacia todos lados. No había perdido práctica con los tacones, pero aquel lugar tenía una moqueta que se le enganchaba continuamente y le hacía parecer un poco torpe.
Buscaba con la mirada a ver si le sonaba alguna cara, o mejor dicho, tan solo una cara muy concreta. Iba detrás de Cristina todo el tiempo, mientras esta saludaba a sus conocidos. Aún faltaban diez minutos para el comienzo del concierto. Cristina señaló a Fran dos asientos en el patio de butacas.
- Son los nuestros. Yo voy un momento a saludar a mi profesora de piano y vuelvo.
            Fran quedó sola, rodeada de muchos asientos aún sin ocupar. Se preguntaba por qué la gente esperaba al último momento para sentarse. Realmente se sintió un poco ridícula y fuera de lugar. Sabía y criticaba el afán de pagar entradas caras por conciertos y óperas solo por el mero hecho de figurar. Bueno, en esta ocasión era ella la que se había arreglado y se había presentado en un concierto solo para buscar a Enrique. Pero se veía disculpada por el hecho de que a aquel concierto solo se asistía con invitación, y no había que comprar las localidades.

            Enrique llegó puntual al Auditorio. Le acompañaron al palco municipal, donde había otros artistas compañeros suyos y algún que otro político de la ciudad. No se hacían mucho caso los unos a los otros. Todos esperaban a la alcaldesa, que era la verdadera anfitriona. Mientras tanto, Enrique aprovechó para asomarse al balconcillo y ver el Auditorio desde aquel punto de vista. Era una sala bastante sencilla, toda de madera. Veía cómo la gente estaba apelotonada de pie en la entrada y en los pasillos, manteniendo conversaciones, aparentemente todas divertidas, ya que las mujeres reían mucho y los hombres no callaban. Le llamó la atención una silueta negra en medio de una nada de asientos vacíos. Le resultaba familiar. ¿Sería quien parecía ser? “Habrá que probar suerte” se dijo.

            A Fran le empezó a temblar algo dentro del bolso. Tenía un nuevo mensaje en el móvil. Era de un número que no conocía:

“¿DÓNDE HA DEJADO LOS JEANS?
AUNQUE HAY QUE RECONOCER QUE EL NEGRO LE SIENTA BIEN”

            Fran abrió los ojos de par en par. Se sentó derecha en la butaca. Sabía que estaba siendo observada y desconocía por quién. Por un momento, viendo aquel mensaje se olvidó de buscar el rostro de Enrique.
Enrique sonreía al ver a Fran girando disimuladamente la cabeza a un lado y a otro. Efectivamente su contacto le había proporcionado el número de teléfono de ella. ¿Qué hacía Fran allí? Había pensado contactar con ella al día siguiente, cuando todos aquellos encuentros musicales hubieran terminado. Pero la tenía bajo su mirada. Sabía que ella estaba fuera de su entorno natural. Podía ver desde allí cómo lucía aquel estilizado y también largo cuello, como ella decía. Vio entonces cómo Fran bajó la vista y empezó a escribir en el móvil. Enrique no dejaba de observarla. Al poco rato le llegó un mensaje.

“ES NEGRO AZABACHE. CLARO QUE DESDE LEJOS TAL VEZ NO SE APRECIE BIEN ¿?”

            Enrique se ocultó hacia atrás para que Fran no le viera, y respondió con otro mensaje:

“ME HAYO LEJOS, CIERTO, EN LAS NUBES, POR CULPA DEL AZABACHE. PERO ADIVINO A VER SU ROSTRO DESDE AQUÍ ARRIBA”

            Enrique quería invitarle a que levantara la vista hacia el palco y poder ver su cara de sorpresa. Pero en aquel momento apagaron las luces y todo el mundo tomaba asiento apresuradamente.
            Entre el bullicio, Fran pudo leer el mensaje, pero su vista aún no se había acostumbrado a la oscuridad y no veía más allá de un par de metros.     Cristina apareció y se sentó a su lado.
- Fran, apaga el móvil.
- Está sin sonido.- Respondió Fran.
            Cristina pudo observar que en la pantalla del móvil de Fran aparecía un mensaje y le preguntó:
- ¿Es de él?
            Fran dudó un momento antes de sonreír. ¿Cómo no lo había pensado antes? No imaginaba que Enrique pudiera tener su número, pero tampoco era tan descabellado. Aquella noche lo había intercambiado con mucha gente antes de la cena.
- Creo que sí- respondió sincera a Cristina.- ¿Me da tiempo a contestar?- le preguntó.
- Bueno, Fran, la luz de la pantalla molesta un poco… Date prisa.
            Fran contestó entonces a su mensajero desconocido imaginando que fuera Enrique, de tal forma que al leerlo él se viera descubierto, pero también de forma que si no se tratara de él, no se notara su error.

“SER DE LAS ALTURAS, PODRÍA SALUDARLE CORDIALMENTE, PERO HA DE BAJAR DE LAS NUBES PARA ELLO, SI QUIERE”

            Casi al mismo instante en que Fran pensaba guardar el móvil, se le iluminó de nuevo con otro mensaje. Cristina la miró mal, pues el concierto iba a dar comienzo.
- Lo siento.- Dijo en voz baja a su amiga y abrió el teléfono para leer.

“DESCANSO, SEGUNDO PISO, BUSTO DE CHAPÍ”


            Aquella primera parte del concierto se le hizo eterna. Sonaba bien, pero la gente no dejaba de cuchichear y ella tan solo pensaba en salir corriendo en el descanso.



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